30 de mayo de 2011

Guarda que ahi vienen tus deseos...

Un amigo me dijo el otro día que, cuando era adolecente, quería irse de su casa. Al menos eso era lo que les repetía todo el tiempo a sus pobres padres. Que necesitaba su espacio, que le molestaba compartir el living con su familia, que ya era grande para estar solo. Todos los días utilizaba cualquier excusa para enumerar su larga lista de disgustos que siempre terminaba en un contundente: "en cualquier momento me voy de casa".
Un día su padre, quien por lo general guardaba silencio ante los momentos de queja crónica de su hijo, se paró de su silla, lo miro fijamente a los ojos y le dijo: "basta, me canse, agarras tus cosas y te vas de acá".
Mi amigo quedo absolutamente descolocado con la frase que había escuchado. Por primera vez en su vida, y a pesar de las innumerables quejas de todos los días, nunca había siquiera pensado en que dirección tenía que dar el primer paso, después de cruzar el umbral de la casa de sus padres. Después de unos segundos de silencio, su padre le volvió a decir que se tenía que ir, y él, como era rebelde y no podía quedar tan mal después de meses de levantar la bandera de la independencia, armo rápidamente un miserable bolso y se fue de la casa con los llantos de su madre de fondo. Después se entero que cuando cerró la puerta su padre dijo: "no te preocupes vieja, en dos días vuelve solito". Su padre efectivamente tenía razón: después de un paso efímero por la casa de su tía, volvió a la casa de sus padres sin pena ni gloria y nunca más se quejo, hasta que finalmente un día, muchos años más tarde, se fue para comenzar su propia vida.
Este relato cotidiano nos deja en claro que tenemos que tener mucho cuidado con lo que deseamos. A veces creemos que eso que estamos esperando está a años luz de distancia, entonces lo deseamos casi sin pensar, como quien sueña despierto. Pero ojito, que a veces los deseos nos persiguen muy de cerca, escondiéndose, casi jugando con nosotros hasta que se aparecen a nuestro encuentro con los brazos abiertos. Tratemos de estar preparados para recibirlos. Sobre todo porque somos nosotros quienes los estamos llamando.