Cuando era chico seguía muy de cerca la vida de las hormigas que usurpaban el fondo de nuestra casa, justo al pie de la enorme parra que nunca dejaba de darnos uvas y sombra.
Estudiaba la fila india que salia del hormiguero, observando cada movimiento para tratar de encontrar algún patrón de conducta. Entonces, si les ofrecía algún insecto como alimento, rodeaban la ofrenda, "hablaban" entre ellas chocando sus pequeñas antenas y después de unos segundos de duda, empezaban a comer, mientras otras, sin exhibir ningún tipo de curiosidad, seguían de largo para no interrumpir el periplo. Repetía al experimento muchas veces y siempre el desenlace era el mismo. Nunca me dejaba de sorprender el nivel de comunicacion, colaboración y disciplina de esos bichitos.
A veces intervenía no tan pacíficamente. Interrumpía con agua o fuego (fósforos 3 patitos) la fila india hormigueril para ver como respondían a eventos inesperados (también reconozco que alguna vez aplaste a alguna con el puño) y casi siempre hacían lo mismo: corrían de un lado para otro dando vueltas sin rumbo y unos segundos después, cuando alcazaban nuevamente la calma, una avanzada verificaba el deceso de la pobre hormiga muerta para llevarla, casi al instante, de vuelta al hormiguero. Nada las detenía.
Me acuerdo que pasaba tardes enteras preguntándome como hacían para organizarse, para fijar sus reglas y saber desde que nacen todo lo que tienen que hacer, pero sobre todo, me preguntaba como era posible que no notaran mi presencia.
Yo siempre estaba metido en sus vidas, no las dejaba en paz ni un segundo apareciendo de diferentes formas y ellas como si nada. Hacían lo que tenían que hacer y punto. Me sentía un ser superior, casi el dios del fondo de casa, pero a pesar de todo, las hormiguitas me ignoraban olimpicamente.
Un día deje de experimentar con ellas. Fue el día en el que supe que alguien podía estar haciendo exactamente lo mismo con nosotros.
Desde ese entonces, no moleste nunca mas a esos indefensos insectos. Todavía me sigo preguntando si no seremos, en otra escala por supuesto, simples hormigas con forma humana.
Estudiaba la fila india que salia del hormiguero, observando cada movimiento para tratar de encontrar algún patrón de conducta. Entonces, si les ofrecía algún insecto como alimento, rodeaban la ofrenda, "hablaban" entre ellas chocando sus pequeñas antenas y después de unos segundos de duda, empezaban a comer, mientras otras, sin exhibir ningún tipo de curiosidad, seguían de largo para no interrumpir el periplo. Repetía al experimento muchas veces y siempre el desenlace era el mismo. Nunca me dejaba de sorprender el nivel de comunicacion, colaboración y disciplina de esos bichitos.
A veces intervenía no tan pacíficamente. Interrumpía con agua o fuego (fósforos 3 patitos) la fila india hormigueril para ver como respondían a eventos inesperados (también reconozco que alguna vez aplaste a alguna con el puño) y casi siempre hacían lo mismo: corrían de un lado para otro dando vueltas sin rumbo y unos segundos después, cuando alcazaban nuevamente la calma, una avanzada verificaba el deceso de la pobre hormiga muerta para llevarla, casi al instante, de vuelta al hormiguero. Nada las detenía.
Me acuerdo que pasaba tardes enteras preguntándome como hacían para organizarse, para fijar sus reglas y saber desde que nacen todo lo que tienen que hacer, pero sobre todo, me preguntaba como era posible que no notaran mi presencia.
Yo siempre estaba metido en sus vidas, no las dejaba en paz ni un segundo apareciendo de diferentes formas y ellas como si nada. Hacían lo que tenían que hacer y punto. Me sentía un ser superior, casi el dios del fondo de casa, pero a pesar de todo, las hormiguitas me ignoraban olimpicamente.
Un día deje de experimentar con ellas. Fue el día en el que supe que alguien podía estar haciendo exactamente lo mismo con nosotros.
Desde ese entonces, no moleste nunca mas a esos indefensos insectos. Todavía me sigo preguntando si no seremos, en otra escala por supuesto, simples hormigas con forma humana.