Tendría 6 años. Pero parecía de 4, o quizás menos. Muy flaquita y petisa. Caminaba por el vagón del subte repartiendo un papelucho arrugado que seguramente había pasado antes por otras miles de manos. Me dio lastima. Pensaba que a esa edad los chicos tienen que jugar, no trabajar. Creo que todos los que estábamos ahí pensábamos más o menos lo mismo. Al pasar por segunda vez, vi que la nena acumulaba muchos billetes en sus manos. Cada tanto tenía que dejar de caminar para guardarlos en sus bolsillos. La gente por lo general le devolvía el papel que ella había entregado y algún billete o un par de monedas. Trataban de ayudarla. Cuando me toco el turno, le devolví el papelito, la mire a los ojos, pero no le di nada. También trate de ayudarla.
19 de noviembre de 2010
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