27 de diciembre de 2010

El luchador

Con el tiempo aprendemos a mantener cierta distancia. Nos acercamos y alejamos con un rítmico movimiento de piernas que nos mantiene a salvo. Sabemos que no hay que bajar la guardia. No se deben dar ventajas al rival. Después de una lucha de varios rounds, el oponente termina conociendo nuestros puntos débiles. Por eso siempre hay que estar alerta. Es cierto que uno también va conociendo los puntos débiles del otro, te acostumbras a tirar golpes de advertencia para medir cómo reacciona, ver si responde golpe por golpe o si prefiere esperar el momento más adecuado. El paso del tiempo te convierte en el psicólogo de tu oponente. Podes adivinar cómo va a reaccionar a cada intervención tuya.
Y en esa confianza que nos va dando el permanecer de pie dentro del cuadrilátero, nos empezamos a volver menos estrictos con las formas. Nuestros pasos se vuelven amateurs, nuestra guardia no se muestra tan cerrada y firme como antes, nuestro ataque se hace mas débil y ya con menos energía, empezamos a ser una maquina que repite solo nuestros tics. Nos convertimos en la sombra del boxeador que fuimos. La confianza provoca eso.
Y es así como ya cegados por la monotonía, sentimos, casi sin darnos cuenta, el golpe definitivo, certero, preciso, el impacto que no pudimos ver pero que ahora nos mantiene flotando en el aire, casi inconscientes, a punto de caer al piso. Cuando escuchamos la cuenta, debatiéndonos todavía entre sueño y realidad, no entendemos como pudo pasar, que fue lo que hicimos mal, que cosas no vimos, de donde vino tremendo golpe.
Aturdidos, totalmente perdidos, la única certeza que tenemos es que no nos vamos a poder levantar antes de la cuenta de diez. Final. Perdimos. Knock out.

23 de diciembre de 2010

Cortá con el corte

Supongamos que me cagaron con la factura del cable. O que no me aumentaron el sueldo en la medida que yo esperaba. Supongamos que no estoy de acuerdo con la construcción de más edificios en mi barrio o que, como miembro de la “Asociación Amigos de la plaza Flor de la V” estoy enojado porque los perros defecan en la acera a pesar de los carteles que yo mismo pinte con mucho esfuerzo y dedicación.
Supongamos que por alguno de estos motivos u otros similares decido, respaldado por mis derechos de ciudadano, cortar una avenida en señal de protesta. Me junto con pares, abanderados de la causa que defiendo y me paro en el medio de la avenida impidiendo el paso del tránsito vehicular. Se perfectamente que la gente que va con su auto por la avenida rumbo a su trabajo, al supermercado, al sex shop o al masajista, tiene también derecho a transitar libremente, pero a mí, en ese momento, mi reclamo me parece tan importante, tan genuino, tan épico que el malestar que le pueda causar a mis semejantes, digamos, me chupa un huevo.
Supongamos que en simultaneo, otras personas en la ciudad, amparadas en el derecho a manifestarse libremente, deciden también, cortar calles, avenidas e incluso veredas. Suponiendo que todos tenemos al menos un motivo genuino que nos habilite a proceder dentro de los límites de la cultura del piquete, la ciudad se paralizaría. Millones de personas reclamarían algo, paradójicamente dirigiéndose a nadie.
Siguiendo en el terreno de las suposiciones, imaginemos que en esa ciudad, existe una fuerza que tiene como misión asegurar el bien y el orden dentro de la comunidad. La policía o una fuerza similar, digamos. Uno creería que un oficial, al ver desde afuera y con una visión más objetiva la situación nos debería en principio recomendar que en pos del orden público, utilicemos otras vías más efectivas para manifestar nuestro reclamo sin perjudicar a terceros . “Larga ese cartelito de mierda y anda a laburar o te cago a palazos, cornudo” hipotéticamente podría decir un uniformado intentando desalentar el corte. Pero supongamos que esto no ocurre. Que el uniformado no puede actuar. No lo dejan actuar. No quiere actuar. O lo que es peor, protege a los que provocan el corte del odio del resto de los ciudadanos. Diríamos que todo está el revés, que si esta situación ficticia fuera real seria tipica de un país de cuarta. Bueno, dejemos de suponer. Bienvenidos a Argentina.

13 de diciembre de 2010

Solo un sueño

Te despertas, y como en un cuento de hadas o en una película de Hollywood, todo es diferente. Todo lo que alguna vez soñaste se convirtió en realidad. Tenes todo, no te falta absolutamente nada. Pensalo, el mundo perfecto, ese que creías imposible, se vuelve tu realidad. Una vez que salís del shock inicial, cuando te das cuenta que ya te pellizcaste muchas veces y estas despierto, no tenes mas que disfrutar. Por alguna razón ajena a tu capacidad de comprensión, sos el único ser humano en la historia que tiene la posibilidad de acceder a TODO. Entonces te vas a cansar de conocer todos los lugares del mundo, te vas a cansar de comer todo lo que se te ocurra, te vas a cansar de acostarte con todas las personas que quieras, te vas a cansar de comprarte todo lo que exista, te vas a cansar de hacer lo que quieras, te vas a cansar. Quizás pasen unos meses, dos años o unas décadas, pero te aseguro que te vas a cansar. Es ley. Y cuando te canses de todo, no vas a tener nada que hacer. La vida no va a tener sentido.
Por eso, porque es altamente improbable que esta situación te ocurra y además, si llegase a ocurrir ya conoces de antemano el triste final, te recomiendo que dejes de buscar por otro lado. Tenes la felicidad siempre a mano. Lástima que te hayan enseñado que estaba más lejos.

12 de diciembre de 2010

Casa tomada

A esta altura todos lo deben saber: esta semana en Soldati, un grupo de personas tomaron un parque publico y pretenden hacerlo propio. Primero la policía desalojo a los ocupantes, en confusos episodios se dan 2 muertes, la policía abandona el lugar y el parque se vuelve a ocupar, esta vez por un numero mayor de personas.
Ante la ausencia policial, los vecinos del lugar deciden hacer justicia por mano propia e intentan desalojar a los ocupantes. Golpes, tiros, violencia, muerte, caos.
Escuché con mucho detenimiento a varios políticos y funcionarios publicos. Todos coincidían en que existe un déficit habitacional en Buenos Aires, en que la situación de pobreza es muy preocupante, en que sigue existiendo desigualdad social, en la carencia de políticas de educacion a largo plazo y bla, bla, bla.
Pero ante la pregunta concreta: "¿Como solucionamos la situación de la toma del parque?" solo pude escuchar o acusaciones cruzadas o discursos tan elocuentes e ilustrativos como inutiles.
Nadie se jugaba con una solución practica. Reflejo de lo que es hacer política en Argentina: niveles altísimos de dialéctica y resultados prácticos inexistentes.
Parece que tomar decisiones es mala palabra. Porque el espacio publico es de todos y cada vecino de Soldati y Lugano tiene el derecho de poder gozar de un parque destinado al ocio en lugar de ver como le construyan una villa en sus narices, con todo lo que ello implica.
Y también parece que los derechos de los que usurpan pesan mas que los del resto de los habitantes. Ante la exigencia hay que dar una solución. Y así se sigue erosionando la cultura del trabajo. Se sigue la senda del clientelismo político disfrazado de igualdad social. Igualdad social que no es sinónimo de justicia. Porque lo justo seria recompensar equitativamente en base al esfuerzo de cada uno. Y acá parece ser que algunos nacen con problemas eternos y alguien se los tiene que solucionar sin dar nada a cambio, sin una gota de sudor. Me gustaría verles las caras a todos los que justifican las tomas si estas se diesen en frente a sus casas. Seguramente estos discursos populistas se transformarían en una defensa incondicional a la propiedad privada. Porque todo cambia cuando las situaciones personales se ven afectadas. Desde lejos es siempre mas fácil opinar. 

6 de diciembre de 2010

A los golpes

Hoy leo la siguiente noticia en el diario, que es una suerte de confirmación de algo que vengo viendo desde hace ya algún tiempo:
"Un joven murió y otros cuatro resultaron heridos, dos de gravedad, al ser atropellados por una camioneta que, en forma intencional, fue dirigida contra el grupo que participaba de una pelea callejera a la salida de un boliche bailable de La Plata. Fuentes policiales informaron que los grupos que se tomaron a golpes en la calle ya se habían enfrentado minutos antes dentro del local bailable "El Templo"..."
No se si se percataron, pero en la television son cada vez mas los programas que se centran en la temática del comportamiento de masas juvenil, y no paran de mostrar a un grupo de jóvenes que, a la salida de un boliche, en una estación de servicio o en cualquier otro lugar de la noche bonaerense, se cagan bien a trompadas por desconocidos motivos.
Desde ya que el alcohol y las drogas tienen su responsabilidad, pero creo que son solo el vehículo, la herramienta que logra llevar a destino (fatal, por cierto) la larga cadena de causas y efectos.
Yo siempre digo que somos 1492 años mas jóvenes que los ya adultos "primer mundistas", y como adolecentes, ustedes saben, se aprende muchas veces a los golpes. Ahora ¿tenemos que darnos tantos?.