Con el tiempo aprendemos a mantener cierta distancia. Nos acercamos y alejamos con un rítmico movimiento de piernas que nos mantiene a salvo. Sabemos que no hay que bajar la guardia. No se deben dar ventajas al rival. Después de una lucha de varios rounds, el oponente termina conociendo nuestros puntos débiles. Por eso siempre hay que estar alerta. Es cierto que uno también va conociendo los puntos débiles del otro, te acostumbras a tirar golpes de advertencia para medir cómo reacciona, ver si responde golpe por golpe o si prefiere esperar el momento más adecuado. El paso del tiempo te convierte en el psicólogo de tu oponente. Podes adivinar cómo va a reaccionar a cada intervención tuya.
Y en esa confianza que nos va dando el permanecer de pie dentro del cuadrilátero, nos empezamos a volver menos estrictos con las formas. Nuestros pasos se vuelven amateurs, nuestra guardia no se muestra tan cerrada y firme como antes, nuestro ataque se hace mas débil y ya con menos energía, empezamos a ser una maquina que repite solo nuestros tics. Nos convertimos en la sombra del boxeador que fuimos. La confianza provoca eso.
Y es así como ya cegados por la monotonía, sentimos, casi sin darnos cuenta, el golpe definitivo, certero, preciso, el impacto que no pudimos ver pero que ahora nos mantiene flotando en el aire, casi inconscientes, a punto de caer al piso. Cuando escuchamos la cuenta, debatiéndonos todavía entre sueño y realidad, no entendemos como pudo pasar, que fue lo que hicimos mal, que cosas no vimos, de donde vino tremendo golpe.
Aturdidos, totalmente perdidos, la única certeza que tenemos es que no nos vamos a poder levantar antes de la cuenta de diez. Final. Perdimos. Knock out.
Y en esa confianza que nos va dando el permanecer de pie dentro del cuadrilátero, nos empezamos a volver menos estrictos con las formas. Nuestros pasos se vuelven amateurs, nuestra guardia no se muestra tan cerrada y firme como antes, nuestro ataque se hace mas débil y ya con menos energía, empezamos a ser una maquina que repite solo nuestros tics. Nos convertimos en la sombra del boxeador que fuimos. La confianza provoca eso.
Y es así como ya cegados por la monotonía, sentimos, casi sin darnos cuenta, el golpe definitivo, certero, preciso, el impacto que no pudimos ver pero que ahora nos mantiene flotando en el aire, casi inconscientes, a punto de caer al piso. Cuando escuchamos la cuenta, debatiéndonos todavía entre sueño y realidad, no entendemos como pudo pasar, que fue lo que hicimos mal, que cosas no vimos, de donde vino tremendo golpe.
Aturdidos, totalmente perdidos, la única certeza que tenemos es que no nos vamos a poder levantar antes de la cuenta de diez. Final. Perdimos. Knock out.
2 comentarios:
Y eso no es todo, luego del Knock Out llega el juicio de divorcio!!
Si, es cierto! Ese es el riego de subir al ring "con papeles"
Publicar un comentario