23 de diciembre de 2010

Cortá con el corte

Supongamos que me cagaron con la factura del cable. O que no me aumentaron el sueldo en la medida que yo esperaba. Supongamos que no estoy de acuerdo con la construcción de más edificios en mi barrio o que, como miembro de la “Asociación Amigos de la plaza Flor de la V” estoy enojado porque los perros defecan en la acera a pesar de los carteles que yo mismo pinte con mucho esfuerzo y dedicación.
Supongamos que por alguno de estos motivos u otros similares decido, respaldado por mis derechos de ciudadano, cortar una avenida en señal de protesta. Me junto con pares, abanderados de la causa que defiendo y me paro en el medio de la avenida impidiendo el paso del tránsito vehicular. Se perfectamente que la gente que va con su auto por la avenida rumbo a su trabajo, al supermercado, al sex shop o al masajista, tiene también derecho a transitar libremente, pero a mí, en ese momento, mi reclamo me parece tan importante, tan genuino, tan épico que el malestar que le pueda causar a mis semejantes, digamos, me chupa un huevo.
Supongamos que en simultaneo, otras personas en la ciudad, amparadas en el derecho a manifestarse libremente, deciden también, cortar calles, avenidas e incluso veredas. Suponiendo que todos tenemos al menos un motivo genuino que nos habilite a proceder dentro de los límites de la cultura del piquete, la ciudad se paralizaría. Millones de personas reclamarían algo, paradójicamente dirigiéndose a nadie.
Siguiendo en el terreno de las suposiciones, imaginemos que en esa ciudad, existe una fuerza que tiene como misión asegurar el bien y el orden dentro de la comunidad. La policía o una fuerza similar, digamos. Uno creería que un oficial, al ver desde afuera y con una visión más objetiva la situación nos debería en principio recomendar que en pos del orden público, utilicemos otras vías más efectivas para manifestar nuestro reclamo sin perjudicar a terceros . “Larga ese cartelito de mierda y anda a laburar o te cago a palazos, cornudo” hipotéticamente podría decir un uniformado intentando desalentar el corte. Pero supongamos que esto no ocurre. Que el uniformado no puede actuar. No lo dejan actuar. No quiere actuar. O lo que es peor, protege a los que provocan el corte del odio del resto de los ciudadanos. Diríamos que todo está el revés, que si esta situación ficticia fuera real seria tipica de un país de cuarta. Bueno, dejemos de suponer. Bienvenidos a Argentina.

1 comentario:

Diego Gutierrez dijo...

Despues de un año donde el promedio de piquetes y cortes en Buenos aires fue mas de uno por dia, con la llegada del verano que podia pasar? que los piquetes se trasladen a la costa!
Ayer los bañeros mas locos del mundo cortaron el acceso a la playa en Mar del Plata...